Los 20 de agosto

El pódium, por orden alfabético

Bluesman de Raúl Ariño

La edad de oro de Cyril Pedrosa y Roxanne Moreil

Los cuadernos de Esther de Riad Sattouf

Estos, no os queda más remedio que ir a comprarlos y leerlos

Del resto decir:

que tengo la edición de 5 el número perfecto de Igort de Sins entido y he releído la de Salamandra y no ha perdido ni un ápice de calidad. Imprescindible;

que Rencor Apache me ha gustado mucho. Y me explico. Si yo tuviese que quedarme con un tebeo, me quedaría con Las Aventuras del Teniente Blueberry. Así que, como las comparaciones son odiosas, tenía yo ciertas reticencias al leer esto, aunque Sfar y Blain son de mis favoritos. Y lo dicho, lejos de decepcionarme, me ha gustado (aunque claro, llegar a lo de Charlier y Giraud son palabras muy, pero que muy mayores), a ver cómo acaba;

que Desde Abajo de Don Rogelio es demasiado underground para mí;

que Dos monedas de Núria Tamarit es una de esas de gente que sale de su zona de confort que me encantan. Y me ha encantado;

que El corazón de las Amazonas de Geraldine Bindi y Christian Rossi mezcla el mito griego de la odisea con el de las amazonas y sale una cosa muy interesante. Y bueno, lo de Rossi al pincel, que es espectacular;

que en El hombre al que no le gustaban las armas de fuego, Lupano y Salomone se confirman como guionista y dibujante de la escuela franco belga siempre en el notable alto, a ver cómo acaba también;

que La Jauría de Cédric Simon y Éric Stalner está basado en una novela de Zola que no he leído, pero que no me hace falta para saber que entre los saltos que mete el cómic faltan muchas cosas;

que encontré Luuna saldado en una tienda y pensé que terminaba en los tres números editados en España, pero… ¡Cómo me joden estas cosas!;

que de vez en cuando hay que leer a Mahler para saber un poquito más de cómic, de síntesis, de tinta y de yo qué sé qué más cosas. Y para disfrutar, claro. Con Maestros antiguos aprendes y disfrutas… vaya si disfrutas;

que ¿Me estás escuchando? de Tillie Walden me ha hecho reencontrarme con ella después de En un rayo de sol, aunque sigue sin llegar a Piruetas (comprad y leed Piruetas si no lo habéis hecho ya):

que me flipan los autobiográficos y Por el poder del anime de Elsa Brants no iba a ser menos. Y quizá tenga que leérselo todo el que quiera dedicarse a esto de hacer viñetas;

que sigo diciendo que Jeff Lemire es posiblemente el mejor autor del panorama independiente en territorio yankee y lo vuelve a demostrar con la conclusión de Royal City. Da pena que se acaben sus tebeos;

que Sarajevo Pain de Fidel Martínez es una impactante historia que cuenta la aberración que pasó a finales del s. XX en esa ciudad y que ratifica que seguimos siendo capaces de mirar hacia otro lado ante un genocidio. Imprescindible también, primero por el cómic y después por conocer la historia;

que Todas nosotras de Elizabeth Casillas e Higinia Garay es uno de los que hay que leer para saber cómo está este mundo y cómo con poco se puede contar una buena historia (si tienes una buena historia);

¡Hala, a leer tebeos!

 

Los 22 de julio

El pódium (por orden alfabético)

Destellos de Jen Wang

Orwell de Christin y Verdier

Patria de Toni Fezjula

Estos, a comprarlos y a leerlos

Del resto decir:

que Alois Nebel de Jaroslav Rudis y Jaromir 99 es demasiado farragoso o demasiado metafórico, no lo sé;

que con American Gods 2. My Ainsel de Neil Gaiman y Craig Rusell me pasa lo mismo que con todos los tebeos de Gaiman, que hay partes que me parecen soberbias y partes que me parecen infumables, pero si sois fans del inglés, os encantará;

que Canario negro de Meg Cabot y Cara McGee es perfecto para iniciar a los chicos de 8 o 10 en los superhéroes;

que he releído Descender y de mayor quiero guionizar como Jeff Lemire y saber de acuarela como Dustin Nguyen. Un tebeo imprescindible en nuestros tiempos;

que en los tiempos que corren con más importantes los seguidores de instragram que la calidad literaria y El extraterrestre humano de Antía Díaz es una buena muestra de ello;

que From black to white de Louis y Clément Baloup es una historia racial enmascarada con la música. Necesaria en los tiempos que corren;

que el tercer volumen de Gideon Falls de Lemire y Sorrentino sigue dando el miedito que daban los dos anteriores, pero Lemire es tan bueno que hago de tripas corazón esperando no tener pesadillas;

que Los niños salvados de Philippe Thirault y varios ilustradores es otro de los que debería ser obligatorio para todo el mundo para saber lo que hacen los nazis;

que Misty Mission de Michel Koeniger empieza como Apocalipsys Now, pero luego se diluye y pasa a ser simplona;

que Murder Falcon de Daniel Warren Johnson va sobre unos heavies que con su música heavy matan a monstruos. A mí, que soy heavy, debería encantarme y no lo hace…;

que Nate el grande de Lincoln Pierce quiere ser como Calvin de Calvin y Hobbes pero le falta mala uva;

que Olivia de Karensac y Thom Pico está genial para regalárselo a una niña de 10;

que Revolution de Mortirmer tiene algunas páginas descacharrantes y muy, pero que muy agudas;

que Utopías de Andy Warner y Sofie Louise Dam es genial para los amantes de la geografía y los sitios y las historias insólitas… como yo;

¡Hala, a leer tebeos!

Los 26 de junio

Volvemos a nuestro pódium clásico (por orden alfabético, ya sabéis):

Es así como me ves de Jaime Hernández

Mi amigo Luis de Carlos Giménez

¡Oh, Josefina! de Jason

Estos tres, comprar, leer y disfrutar

Del resto decir:

 

que Alim el curtidor de Lupano, Augustin y Penloup es una historia que empieza muy común, pero con el saber hacer de Lupano se va convirtiendo en algo mucho más profundo, hasta el final, que no tiene desperdicio alguno. Muy recomendable.

que leí la primera historia de Amores extraños de Audrey Niffenegger y Eddie Campbell en la página de Astiberri y me pareció fascinante, así que lo cogí con unas tremendas expectativas y me pasó lo que suele pasar, una decepción tremenda. Esa primera era la única que merecía la pena;

que Camille Claudel da con Auguste Rodin de Willi Blöß y Beatriz López-Caparrós me ha hecho pensar dónde está el límite entre el cuento y el cómic;

que Choque de Reyes, el segundo volumen de Canción de hielo y fuego de Landry Q. Walker y Mel Rubi me gusta, porque la hagas en el formato que la hagas, Juego de Tronos es una buena historia y porque tiene cositas que no salían en pantalla;

que Costas salvajes de Ram V y Sumit Kumar es una de vampiros y aventuras que se les va de las manos;

que Die Die Die de Kirkman, Gimple y Burnham es una salvajada muy entretenida;

que El amanecer de las sombras de los alumnos del curso online en cómic y narrativa es un proyecto bonito, pero ahí se queda;

que El Convoy de Denis Lapière y Eduard Torrents es otro de los que hay que leer para saber por qué hay que parar a los fascistas como sea;

que El viaje de Agustina Guerreo me ha dejado estupefacto. No era yo muy fan de La Volátil, pero me ha sorprendido. Chapó;

que Hot Lunch de Eliot Rahal y Jorge Fornes es uno de serie negra muy, pero que muy bueno;

que Los zapatos rojos de Cousseau y Cuvillier me enamora nada más verla por esos dibujos acuarelados (que a ratos hasta recuerdan a Gibrat), pero es que la historia es de unos nazis malvados (como son los nazis) haciendo perrerías, así que una maravilla. Y muy dura;

que Max de Rubio y Rubén nos cuenta la vida de un aventurero de vida de montaña rusa, de viajes y pistolas, de mujeres bellas y fatales, de anillos y venganzas, muy bien contada, por cierto;

que Pánico de Ana María López muestra muy bien el miedo que se tiene a ciertas cosas en la vida;

que Paranoidland de VVAA es una ida de olla considerable, cada uno en su estilo, pero todas idas de olla;

que Pompeo de Andrea Pazienza es demasiado underground para mí, pero hacer eso en 1987 me parece una barbaridad (léase en el mejor sentido del término);

que Preferencias del sistema de Ugo Bienvenu me ha parecido soberbia (y eso que es de ciencia-ficción);

que es imposible no sentirse identificado con algunas de las páginas de David Ramírez en Tal Cual;

que no hay nada para ponerse al día de la actualidad como un tebeo de Aleix Saló, y Todos Nazis lo confirma de nuevo;

que quiero más de Un mundo hostil de Gakian y Núria Just, quiero mucho más, si no ha entrado en el pódium es porque se me ha quedado corto. ¡Quiero más!;

que Una laowai en Shanghai es una de esas autobiográficas que me deberían encantar, pero, no sé muy bien por qué, no lo ha hecho. Quizá es que empezó en instagram y da la sensación de que está hecho para eso y no para un tebeo

¡Hala, a leer tebeos!

Los 33 de mayo

Seguimos de cuarentena y aunque mi librero ha vuelto y yo he pasado a por droga un par de días, la rueda parece que no gira a la velocidad habitual, así que he seguido tirando de tebeoteca y vuelvo a traer cinco imprescindibles que me parece han pasado de puntillas por nuestro mercado.

Héroe y Di Algo de Flix. Para su tesis de licenciatura de Flix decidió contar su vida en cómic. Pero no su vida hasta el momento, no. Su vida hasta su muerte. Y así surge este Héroe, que narra la infancia del autor, su pelea con los demonios que se esconden debajo de su cama, sus amoríos como adolescente, sus historias de autor de cómic… y su vejez. Una preciosa historia autobiográfica. Y como no le dio tiempo a contar todo, Flix relató un episodio de su vida en otro tebeo, Di algo. Este narra su relación con Sophie, una relación como otra cualquiera, donde el principio es fácil porque todo es maravilloso, pero a cada pasito que das parece que las cosas se vuelven más complicadas…

Dios en persona de Marc-Antoine Mathieu. En la oficina del censo aparece un tipo que no está censado y que dice ser Dios. Nunca se le ve la cara, hace un par de “milagros” y las agencias publicitarias empiezan a soñar en billetes. Se emiten documentales, se le lleva a juicio, se escriben libros sobre él (hasta Dios tiene un negro)… Dios en persona podría ser el 11,99 euros de los cómics, mostrándonos cómo el marketing hace lo que quiere con nosotros y como somos unos crédulos estúpidos que se tragan todo. El libro es de 2010, aún no estaba muy de moda el “guasap”, pero si no, nos hubiésemos creído todos los bulos que hubiésemos recibido de este dios.

Mister Wonderful de Daniel Clowes. Clowes es el autor de Bola ocho, Ice Haven, Wilson, David Boring, Ghost world, Paciencia… y Mister Wonderful. Y creo que se la trata como a una obra menor dentro de todas ellas. Pues a mí es la que más me gusta. Probablemente porque en ese mundo de perdedores en el que se mueve Clowes, esta es la más real, nada de viajes en el tiempo, nada de situaciones surrealistas, nada de thrillers… Simplemente cuenta la cita a ciegas entre dos de esos perdedores, visto desde la mente de uno de ellos, sus pensamientos, sus inseguridades, sus mentiras para quedar bien, sus arrepentimientos instantáneos… Una deliciosa historia en la que, por muy seguro que seas, es imposible no sentirse identificado en algún momento.

Replay de Jorge Zetner y David Sala. Esta también es de perdedores. O ganadores. O… ¿quién sabe lo que es una cosa y la otra? Lo que está claro es que esta es una historia de género negro que nos presenta a dos personajes opuestos, de estos que ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Dos antagonistas, una revisión a muchos libros y muchas películas, una huida hacia delante “trae mala suerte volver sobre tus pasos”, una repetición de los acontecimientos, un deja vu de los sucesos, mujeres fatales, partidas de póker y un dibujo de David Sala que me recuerda por momentos al del mejor De Crecy que hace que sea un tebeo fabuloso.

Los ignorantes de Etienne Davodeau. Etienne le propone a Richard, viticultor, enseñarle todo acerca del mundillo del cómic si Richard le enseña a él todo sobre el mundo del vino. Y así se embarcan en una aventura de meses donde uno y otro cambiarán la ignorancia que tienen por un viaje al conocimiento de dos mundos desconocidos pero apasionantes. Davodeau nos presenta un sencillo diálogo entre dos personas desconocidas que pasarán a saber todo lo que hace el otro en su día a día, una apertura a la profundidad de lo que hacen, de cómo lo hacen, de por qué lo hacen… fácil de leer, imprescindible para los amantes del cómic y los del vino.

Del resto decir:

que 12.301 días inolvidables con mi abuela de Églantine Chesneau es uno de esos autobiográficos que me ha hecho recordar muchas cosas, pero no sé, me da que le falta algo;

que Apocalypse girl de El Torres y Ramiro Borrallo es magnífico para regalar a una chica de 12-14 años y una estupenda aventura para que lo lea cualquiera;

que Au travail de Manuel es un ejercicio de estilo a medio camino entre el experimento y el flip book y desde luego, todo un hallazgo (lo compré en una máquina expendedora de libros y mide 11×7 cm.);

que Cormorance de Nick Hayes es como una poesía en viñetas. Maravilloso;

que Cuántix de Laurent Schafer es lo que su portada indica, la física cuántica y la teoría de la relatividad en cómic, así que uno aprende un montón (como que alguien que tiene masa curva el espacio, por mu flaco que estés, curvas el espacio);

que Duke 3 de Hermann e Yves H. está bien, pero me parece que pierde calidad con respecto a los primeros (¿será un momento puntual o se le estarán acabando las ideas el señor Yves?);

que El arte importa de Neil Gaiman y Chris Ridell es un cuentito para subirnos la moral a los artistas;

que El cuento de la criada, adaptado por Reneé Nautl es una buenísima y desasosegante adaptación de la novela de Margaret Atwood, que ratifica lo que puede pasar si no paramos a los fascistas;

que Hitler de Bernard Swysen y Ptiluc debería ser lectura obligatoria en todos los colegios para que se sepa lo que ocurrió, qué digo en todos los colegios, en todas las personas. Los jóvenes tienen que saber lo que provocan el fascismo y el nazismo en la sociedad y a lo que nos llevan;

que Juntas en esto de Blanca Vázquez es el ejemplo claro de como con muy poquito se puede hacer una obra magnífica;

que he terminado de releer La Mazmorra con El dojo de la laguna y Los nuevos centuriones, dibujados por Kerascoët, Revoluciones, dibujado por Obion, Alto septentrión, dibujado por Alfred y El fin de La Mazmorra, dibujado por Mazan, y lo que puedo decir es que me ha dejado un sentimiento de vacío. Cuando lo leí por primera vez, no me pasó, porque iba a salto de mata entre unas y otras épocas (de hecho, ya escribí que esta última época no me había gustado tanto, pero resulta que ahora me ha parecido soberbia e imaginativa), pero ahora he visto crecer a Jacinto, a Herbert y a Marvin y cuando cerré la última página es como si hubiese perdido algo…;

que La zona gris de Burnswick y Romita Jr. empieza con mafiosos y polis corruptos y muertes y sigue con una especie de purgatorio y seres informes que viven allí y seres semihumanos que vuelven a la tierra ocupando otros cuerpos y…;

que muy jodido lo va a tener el jurado del premio Nacional de Cómic del año que viene, que no se lo va a poder dar a Santiago García y a Javier Olivares por La cólera;

que en Las grandes batallas navales. Stamborf Bridge, el dibujo de Christian Gine desmerece un poco el magnífico guion (como siempre en estas lides) de Jean-Yves Delitte y Roger Seiter; que Las mujeres mueven montañas de Pepita Sandwich intenta ser como Valerosas de Pénélope Bagieu, pero claro, no lo consigue;

que Mis cien demonios de Lynda Barry es una historia autobiógrafica tan sincera que a mi me flipa;

que Paper girls de Brian K.Vaughan y Cliff Chiang sigue a lo suyo, es decir, a contarnos una aventura de adolescentes en un mundo lleno de viajes en el tiempo, aventuras, ciencia-ficción… lo tiene todo para gustar a la adolescente a la que le regalas Apocalypse Girl;

que Sol frío de Pécau y Damien es un tebeo muy de actualidad, virus, pandemia, gente malvada… muy recomendable en estos tiempos;

que Suero de Pedrosa y Gaignard es una distopía muy interesante (aunque con el buen dibujo de Gaignard, qué mal lleva las escenas de acción);

que #Unfanzine de Manuel Castaño es una clase de irreverencia donde muchos autores se verán reflejados (yo entre ellos);

que Verde de Marie Desplechin y Magali Le Huche es ideal para iniciar a los niños de entre 8 y 12 añitos en esto del tebeo;

¡Hala, a leer tebeos!

Los 35 de abril

Este mes, como estoy esperando a mi librero, en vez de hacer un pódium, voy a hacer una recomendación de unas relecturas (iba a hacer 10, pero como parece que vamos a estar otro par de meses sacando lecturas de la biblioteca, yo también he decidido hacerlo en fases) que yo creo que, por vaya usted a saber qué motivos, han pasado con más pena que gloria por nuestro mercado y deberían haber pasado con mucha más de la segunda que de la primera. Algunos igual no son fáciles de conseguir, pero ahí van:

Los cinco narradores de Bagdad de Vehlmann y Duchazeau. El califa, para agradar a su gran visir, que quiere ser califa en lugar del… ah, no, esa es otra historia. El califa, decía, organiza un concurso para encontrar al mejor cuentacuentos y nos embarca en una sorprendente historia en la que cinco contadores se lanzan a una aventura digna de las mil y una noches, que empieza contándonos lo que va a pasar. Y si nos cuenta lo que va a pasar, ¿cómo puede ser sorprendente? Pues lo es. Es como si Vehlmann sacase ases de la manga una y otra ronda, como, aunque la ves venir, te a vuelve a jugar una y otra vez. Todo maravillosamente dibujado por un Duchazeau con trazas de Blain y/o Blutch.

El mono de Hartlepool de Wilfred Lupano y Jérémie Moreau. En la época napoleónica, un barco francés naufraga en las costas británicas y uno de los supervivientes es un mono. Los del pequeño pueblo piensan que es un francés. Es normal, no entienden su idioma, huele mal, es feo… con esas características, ¿qué otra cosa podría ser además de un francés? Basada en un leyenda (¿y por qué no iba a ser cierta si están de por medio los humanos?) es una disparatada historia, capaz de sacarte carcajadas y lágrimas a la vez. Muy de moda en estos tiempos para todos esos que desprecian al diferente.

La teoría del arte versus la señora Goldgruber de Mahler. Ya sabéis que soy muy fan de los tebeos autobiográficos, y este además es la locura. El autor tiene que pagar los impuestos y no sabe si tiene que tributar un 10%, como artista o un 20%, que tributarían los “normales”. Ahí empieza algo descabellado a medio camino entre el ensayo sobre qué es el cómic, si es arte el cómic, lo que piensan los “normales” de los cómics y lo que hace un autor de cómic en su vida diaria. Insuperable.

El hijo del ogro de Grégory Mardon. Esta es una historia que bien podría empezar como un cuento clásico, con un “Érase una vez”. Incluso los primeros trazos de la historia, madre e hijo, ella costurera aplicada, él preguntando por su padre, que al parecer era un gran hombre. Pero al poco todo se torna amargura. Una pequeña decisión de esas de las de “las acciones tienen consecuencias” nos lleva a una catarata de desgracias. Y cuando parece verse un atisbo de luz, un puede que el amor venza al odio, un puede que esto acabe con fueron felices y comieron perdices, una giro de guion extraordinario nos pega otra bofetada. En estos momentos, abstenerse los bajos de moral. Puede inducir al suicidio.

La gran patraña de Trillo y Mandrafina. Una maravilla. Todo. Absolutamente todo. Un guion de un Trillo que se las sabe todas, que bebe del noir más clásico pero que no deja de sorprendernos, una trama en la que todo encaja, contada a veces por el narrador, a veces por unos personajes magníficamente teatralizados colocados en la historia como corifeos griegos, escondiendo veladamente una crítica sociopolítica hacia las dictaduras colocadas a pelo en las repúblicas bananeras. Y un dibujo de un Mandrafina heredero de Breccia que siempre es como tiene que ser, la línea cuando toca, la mancha cuando toca, el borrón cuando toca… el efecto de grabado en los flashbacks es simplemente espectacular. Lo dicho: una maravilla.

Del resto decir que puede que Paco Roca sea el mejor autor de cómic del mundo y lo vuelve a demostrar con una historia tan simple y tan compleja como Diario del dibujante; que la segunda parte de El asesino que se merece de Lupano y Corboz desmerece bastante la primera, creo que tenían prisa; que El buen padre de Nadia Hafid es de esos tan minimalistas que les falta algo para que me lleguen; que El mundo es un regalo de 72kilos es demasiado light en todos los sentidos; que Howard P. Lovecraft de Nikolavitch, Gervasio, Aón y Lee cuenta la biografia del título, una de esas que me da a mí que tampoco tiene mucho que contar, pero sin embargo, está muy bien contada y es absolutamente recomendable; que Inca, de Laurente Granier y Bollée, primer tomo dibujado por Lionel Marty y segundo, mucho mejor, por cierto, por Albuquerque, se pierde entre mitos aztecas sin llegar a buen puerto; que con Institutos de Caniculadas te echas unas buenas risas; que Janes Joplin de Soledad Romero Mariño y Germán Paino cuenta la vida de la cantante, pero muy rápido y, como indica en su portada, para kids; que La Brigada Lincoln de Pablo Durá, Carles Esquembre y Ester Salguero es un correcto homenaje a esos valientes, y como siempre digo, de esos que hay que leer para saber cómo está este mundo (y que hay que frenar a los fascistas como sea); que me acerco al final de La Mazmorra y empiezo el arco Crepúsculo, con El cementerio de los dragones, El Volcán de los Vaucanson, Harmaguedón con Walter a los lápices, La carta magna, dibujada por Andreas, el Señor Negro, por Blanquet, y no sé si es que siento que se me va a acabar esto tan bueno que estos números no me gustan tanto (es que he disfrutado tanto con La Mazmorra…); que puede que Zidrou sea el mejor guionista del momento del cómic francobelga, así que hay que leer cualquier cosa suya y La obsolescencia programanda de nuestros sentimientos con el dibujo de Aimée de Jongh no es una excepción; que Last man 8 de Balak, Salanville y Vivés sigue a lo suyo, a ese ritmo endiablado y vertiginoso que no te deja respirar vaya por el mundo que vaya. Extraordinario; que Le Front de Nicolas Juncker recuerda por momentos a los tebeos sobre la Primera Guerra Mundial de Tardi y solo por eso ya merece una lectura; que Lecturas a domicilio es un cómic de varios autores que Astiberri ha colgado gratuitamente en su web y, como casi todo lo de Astiberri, pues es muy bueno (magistrales ambas historias de Zapico, genialmente esquizofrénicas las de Santiago Valenzuela); que Leonardo Da Vinci de Marwan Kahil y Ariel Vittori es una biografía del maestro que, claro, debería tener miles de páginas para abarcar su vida, pero que merece la pena; que Nankin de Nicolas Meylander y Zong Kai es, primero: un grandísimo tebeo en un blanco y negro con toques de color al más puro estilo de Frank Miller, y segundo: uno de los que hay que leer para saber lo que hicieron los fascistas en este mundo ¡Abajo el fascismo!; que el cuarto de Operación Overlord. Comando Kieffer de Bruno Falba y Davide Fabbri baja un poco el nivel, que se recupera en el quinto, Pointe du Hoc con mucha mejor historia y dibujado muuuuuucho mejor por Christian Dalla Vechia; que Prodigy, dibujado por Rafael Albuquerque, hará las delicias de los fans de Mark Millar, pero a mí ya me aburre, la verdad; que Queridos difuntos de Lorenzo Montatore es un absurdo protagonizado por una muerte pelirroja un demonio que bebe anís, así que ya sabéis a los que os gusta y a los que no; que Sicomoro nos demuestra en Río Grande que es muy capaz de imitar a Moebius, pero claro, las historias del oeste que cuenta no son como las de Charlier; que Shanghai Dream de Philippe Thirault y Jorge Miguel es una de esas para saber que tenemos que detener al fascismo como sea, pero además una historia muy bien narrada; y que Wonderland de Tom Tirabosco es una de esas autobiográficas que me fascinan, así que os la recomiendo a todos.

¡Hala, a leer tebeos!

Los 51 de marzo

El pódium, como siempre, por orden alfabético

La Mazmorra de Johann Sfar y Lewis Trondheim y otros muchos

Orlando y el juego 4 de Luis Durán

Primer Amor de Carlos Giménez

Del resto decir que Altavista de Fernando Calvi no sé si es poesía, si es prosa, si es homenaje, si es locura, si a veces funciona, si a veces no funciona…; que Bestias Salvajes de Loïc Godart es una historia que mezcla dos cosas que me parece que no casan, que podrían haberse contado por separado y tan contentos; que Bienvenidos a Bobolandia de Dupuy y Berberian es, como casi todo lo de estos autores, imprescindible para los que nos gusta el slice of life, más cuando ponen de vuelta y media a muchos de los que se creen más listos que los demás; que Blue Note de Mariolle y Bourgouin es una de historias paralelas que le cuesta entrar, pero que al final parece que todo cuadra; que Cemetery Beach de Warren Ellis y Jason Howard es corre, dispara, salta, esquiva y hazlo de nuevo, pero poco más; que nunca hay que juzgar un libro por su portada y Chuck de Johnson, Borow, Haun y Noto es un buen ejemplo, totalmente prescindible (luego he descubierto que estaba basado en una serie de televisión, así que bien se me está); que Doctora Laura, ¿dígame? de Nicole J. Georges es uno de esos autobiográficos con los que un servidor lo pasa requetebién; que El Colegio Capuchino de Jb Djian y Vincent es una historia sobre idas y venidas, mujeres fatales, amores y asesinatos muy bien dibujada; que El último tahúr es la ópera prima de Rodrigo Sopeña y Juande Pozuelo, pero parece que hubiesen lidiado ya en muchas plazas, extraordinario; que Espuma de Ingrid Chabbert y Carole Maurel habla de un teme delicado al que se le puede sacar mucho más partido (ya lo veréis); que Hobo Mom de Charles Forsman y Max de Radigues (apuntad el nombre de este tipo) me ha encantado y se me ha hecho corta, me he quedado con ganas de mucho más; que Idilio de Montesol es una de esas donde uno se encuentra así mismo, pero me ha encantado con qué poco (o con qué mucho) dibujo se puede decir tanto; que Kaplan & Mason de Didier Convard y Jean-Christophe Thibert es como mezclar a Tintín con James Bond con los hermanos Marx y oye… sale un batiburrillo bien dibujado y muy entretenido; que La ciudad de los prodigios de Claudio Stassi es una magnífica adaptación de la novela de Eduardo Mendoza, pero como siempre en estas cosas, uno no puede dejar de recordar el original y me da la sensación de que a veces corre demasiado (tendría que leerlo como una obra nueva, pero no puedo); que sigo con La Mazmorra y he acabado la época Zenit,  la original, la auténtica y genuina, con los dos últimos tomos, Un matrimonio separado y Regreso a bombo y platillo, ambos dibujados por Boulet, y aprovechando que hace poco ha salido el integral, pues me he permitido la trampa de colocarlo donde le toca para que lo compréis y lo leáis, porque es un cómic que abrió un nuevo camino, y también he leído el tomo de Monstruos: Las profundidades, dibujado por Killofer, quizá el más extraño de todos, porque apenas salen nuestros protagonistas; que Lastman 7 de Balak, Salanville y Vives sigue en su línea trepidante, después de pasar por el pasado y por el presente, ahora en un universo futurista; que se ha acabado Los muertos vivientes de Kirkman y Adlard y tengo que decir que yo soy de los que me gustó de principio a fin, por supuesto con sus altos y bajos, que en más de 4000 páginas da tiempo a todo, pero en general rayando a un nivel de interés muy alto. Por cierto, y ya que estamos metidos en esto, el que no lo haya leído, bien podría, que los primeros números son espectaculares y si sustituyes muertos por gente gilipollas andando por la calle, es muy actual; que Máculas de Jordi Pastor y Danide va de un sitio a otro en el tiempo, en el espacio y en el homenaje al mundo del cómic. Totalmente recomendable; que Mala estrella de Bárbara Baldi nos narra esa historia tan manida de una aristócrata que tiene que ponerse las pilas (y a un rojo como yo le gusta que los aristócratas se pongan las pilas, con lo que, en principio me tenía que dar pena, no me da ninguna); que Miss Davis de Sybille Titeux de la Croix y Amazing Ameziane es una biografía más interesante si cabe que la de Mohamed Alí, y se nota un aprendizaje sustancial de Ameziane al dibujo; que Nemo de Brüno parece una obra menor del autor, pero da lo mismo, es mejor que el 80% de lo que se publica. Una lástima que no se prodigue más; que Nenúfares negros de Cassegrain y Duval-Bussi es una espectacular obra de tebeo negro; que Operación Overlord de Michaël Le Galli y Davide Fabbri es un tebeo sobre el desembarco muy bien hecho, con planchas espectaculares, que el tercero baja un poco el nivel (claro, le pasa como salvar al soldado Ryan, que visto el desembarco, lo otro es como muy soso); que Outer darkness de John Layman y Afu Chan es demasiado ciencia-ficción para mí y sin embargo me ha resultado entretenidísimo; que Pestilence 2 de Frank Tieri y Oleg Okunev aprovecha el tirón del primero, pero pierde el norte con respecto al él y se convierte en no se sabe qué; que Red Hand de Busiek y Alberti es el clásico de un extraño que se encuentra en otra parte y no sabe muy bien de dónde viene ni por qué está allí, con algunas planchas espectaculares; que Rumble 4 y 5 de Arcudi, Rubín y Stewart toma otra dirección y como es más fantástica, no es tan para mí (aunque sigue siendo un tebeo muy, pero que muy entretenido); que los tomos de SAS, el 3 Misión Cuba y el 4 Bin Laden: Persecución, basados en las novelas de Gérard de Villiers y guionizados por Martin Eden, Umberto Ciance y dibujados por César y Andrea Mutti siguen amenizándome las esperas ruidosas de los aeropuertos (ay, qué tiempos aquellos en los que se podía salir de casa), pero que leídos uno, leídos todos; que con Simón Bolívar El libertador de A.H. Palacios y J.P. Gourmelen me pasa como con todos los tebeos de Palacios, tienen tanto texto que a veces me resultan cuentos y los dibujos de Palacios son espectaculares, pero el texto enlentece tanto el ritmo que a veces me parece que cojea narrativamente; que Sissi emperatriz rebelde es una buena biografía (¿quién sabe si fiel o no?) que me hace preguntarme por qué en el siglo XXI tenemos un jefe de gobierno por méritos consanguíneos; que Skip de Molly Mendoza es un buenísimo ejercicio de estilo, pero la historia pues…; que Snotgirl 2 de Bryan Lee O’Malley y Leslie Hung ha perdido un poco el efecto sorpresa y baja un poco el nivel con respecto al primero, pero seguimos en la misma línea de locura adolescente muy actual; que Una historia de tierra, agua y vida de Emma Gascó y Martín Cúneo es uno de esos que hay que leer para saber lo jodido que está este mundo y que Vacaciones de Micoby es un slice of life maravilloso de recuerdos adolescentes

¡Hala, a leer tebeos!

 

 

 

Los 43 de febrero

El pódium, ya sabéis que esto va por orden alfabético

Cassandra Darke de Possy Simmonds

El Vecino. Origen de Santiago García y Pepo Pérez

La saga de Grimr de Jérémie Moreau

Del resto, decir que ¡Adelante! de Giroud y Rey es una aventura que tiene todos los ingredientes para ser excelente; que Assassin Nation de Kyle Starks y Erica Henderson es una gamberrada descabellada y entretenida hasta decir basta; que Black Hammer. La edad sombría II de Jeff Lemire, Dean Ormston y Rich Tommaso continua con el hilo del anterior, pero al final pega una ascensión importante; que Del Trastevere al paraiso de Felipe Hernández Cava y Antonia Santolaya muestra el saber hacer de Hernández Cava al guion, un muy buen cómic; que Devastacion de Julia Dfröger es cruel y desasosegante hasta decir basta, pero consigue lo que busca, así que muy buen cómic también; que El cineasta de Nadar y Julien Frey es demasiado ejercicio de investigación, me ha parecido que no tenía alma (o quizá son mis expectativas con Nadar); que El día que el bus volvió a partir sin ella de Beka, Marko y Cosson no está mal, pero las enseñanzas son demasiado conocidas para que sorprenda (al menos a un tipo de mi edad ¿Quién está escribiendo esto?); que El típico bar de Moreso tiene cosas que podrían ser de un bar, pero que podrían ser de una oficina, y aún sigo pensando por qué hay páginas en blanco; que Entre Deux de Vincent Perriot a veces me recuerda a Moebius, a veces a Blain, a veces a De Crecy… con todo lo que eso supone; que Érase una vez y otras mentiras de Andy Weir y Sarah Andersen mezcla muy bien los cuentos infantiles de sobra conocidos (aunque quizá no por los libros), pero me gusta más la primera parte, psicológica, que la segunda, aventurera; que Fetiche de Noémie Marsily es una historia muda a la que creo que le sobra alguna historia para ser redonda, lo que quiere decir que es casi redonda; que esperaba yo con mucha ansia, después de Degenerado, La cruzada de los inocentes de Chloé Cruchadet y es lo que tienen las expectativas, me parece que le cuesta entrar, eso sí, tiene una resolución espectacular; que La huella de Lorca de Carlos Hernández y El Torres nos presenta una historia de Lorca vista desde otro punto de vista, lo cual la hace diferente y muy, pero que muy buena; que dale que dale con La Mazmorra, toca la época Zénit, la original, con sus pocos errores y sus muchííííííííííímos aciertos, a ratos divertidísima y a ratos oscura y cruel como una peli de Tarantino, y también con el tomo de Monstruos, El gigante que llora, dibujado por J.C. Manu, quizá el más flojo de todos (¿o es que el dibujo no me acaba de casar?); que me quejaba yo el mes anterior del final de La pequeña forastera y es que no había acabado (ahora tampoco y me da que siguen sobrándole unas cuantas páginas); que La tira de mujeres de Klamburg y Sinde no sé lo que quiere pero yo no lo veo; que Last Man 6 de Balak, Salanville y Vivés acaba un ciclo y empieza otro (y cómo empieza), pero sigue a lo suyo y lo suyo es dinamismo puro y duro. ¡Fantástica!; que Let’s make ramen de Hugh Amano y Sarah Becan es demasiado libro de cocina y demasiado poco anecdotario; que a un educador como yo le place leer la vida y los logros de Maria Montessori de Surian, di Masi y Boselli; que Mio Cid de Farias, Acevedo y Avila es una buena adaptación del poema y podría acercar a los más jóvenes al original; que Mr. Calcium Skeleton was in love de Tony Sandoval no se sabe muy bien qué quiere, pero algunas acuarelas son hermosas; que Mujer Salvaje de Tom Tirabosco mezcla muchas cosas muy dispares y es como que no casan pero que sí; que hay un momento en Nameless de Grant Morrison y Chris Burnham en el que el protagonista dice “Todo ha sido un sueño” y entonces solo queda acordarse de Los Serrano; que No soy tu princesa de Brush Willis anda más en la línea de los instagramers que en la de los autores de novela gráfica, pero no por ello deja de estar muy entretenida; que Perdidos en el más allá es otro de los tebeos autobiográficos de Ramón Boldú, tan realistas y tan surrealistas que son fabulosos; que SAS 1. Pacto con el diablo y 2. El sable de Bin-Laden, basados en las novelas de Gérard de Villiers y guionizados por Martin Eden, Umberto Ciance y dibujados por César, Andrea Mutti son de esos de un James Bond que para leer en los viajes en avión están muy entretenidos; que Sentient de Jeff Lemire y Gabriel Walta une a uno de los mejores guionistas con uno de los mejores dibujantes y sale una (permítaseme la expresión) mejor obra; que Siberia de Micheluzzi es uno de esos cómics que cuando empiezas a leerlo dices: “qué mal ha envejecido”, pero luego sigues y dices: “pues no tanto”, y acabas y es: “pues está muy bien”; que Snotgirl 1 de Brian Lee O’Malley y Leslie Hung hace un reconocimiento del mundo adolescente redsocialero alucinante y me ha sorprendido gratamente (no sé muy bien por qué debería sorprenderme gratamente que Brian Lee O’Malley haga un buen cómic); que Tamara de Lempika de Virginie Greiner y Daphné Collignon me ha parecido muy sugerente, con un dibujo que le pega fantásticamente a la historia (aunque se me hizo corta una biografía en 48 páginas); que Mercrominah sigue siendo mi hater favorita y lo demuestra una vez más en Traumitas; que Vanikoro de Patrick Prugne es una aventura muy digna y un pedacito de historia, que sumado a sus fantásticas acuarelas hacen que me deleite; que Victor Billetdoux de Pierre Winiger es un folletín como Adele Blanc-Sec pero sin la magia de Tardí; que Yo, el lobo y las vacaciones con el abu de Delphine Perret es una historia que gustará tanto a abuelos como a nietos como a lobos; que XTC69 de Jessica Campbell nos revela a una Jessica diferente, loca y atrevida, haciendo un descabellado tebeo; y que Zorglub. Lady Z de José Luis Munuera baja un poco el nivel con respecto al tercero (es que me gusto mucho), pero aún así, una muy buena aventura.

¡Hala, a leer tebeos!

Los 41 de enero

El pódium, como siempre en abecé

 

El Buscón en las Indias de Ayroles y Guarnido

Pascal Brutal de Riad Sattouf

Viaje a Italia de David B

Del resto decir que Amores de Alfonsocasas no sé si es cómic, cuento, libro ilustrado o qué, pero me parece que empieza genial y luego me sobran muchas páginas; que Annemarie de María Castrejón y Susanna Martín a ratos está genial y a ratos me aburre, y a veces corre demasiado y a veces va leeeeeentoooo; que Black Jack Ketchum de Schirmer, Balboni y Saliba se pierde entre la realidad y la ficción; que Cloe y su unicornio 4 de Dana Simpson baja un poco la calidad del resto (no era fácil mantener la velocidad de crucero que llevaba); que Conspiraciones de José Domingo es un hilarante ensayo en el que no sabes si creerte lo que está contando o mejor no; que El viejo y el narco de Ricardo Vílbor y Max Vento me ha gustado mucho, pero me ha dejado la sensación de que la historia daba para mucho más; que Homenaje a Cataluña de Andrea Lucio y Jordi de Miguel es una correcta adaptación del texto de Orwell; que Infinty 8. Guerrilla Simbólica de Trystram, Trondheim y Kris sigue en la línea de sus antecesores, o sea, rayando el sobresaliente (y Martin Trystram parece un alumno aventajado de Mebius en El Incal, flipas); que Kick Ass. La chica nueva de Mark Millar y John Romita Jr. hará las delicias de los seguidores de la serie original; que La gran batalla de los Gusis de Javier Órtiz y Javier Ara es ideal para los de 8 añitos; que La increíble historia del vino de Benoist Simmat y Daniel Casanave ya lo dice su título, es la historia del vino y es increíble; que sigo con mi dosis mensual de La Mazmorra, este mes con los tomos de Festival, El día de los sapos, Flores y chavales y La técnica Grogro, todos dibujados por Larcenet, divertidísimos y siempre pensando en Sfar y en Trondheim como unos Lope de Vega del cómic contemporáneo, flipante la capacidad creativa; que a La pequeña forastera de Nagabe le había valido con las páginas de un tomo (y con otro final); que La primavera de los árabes de Jean-Pierre Filiu y Cyrille Pomès es simplemente un noticiario, pero imprescindible para saber cómo está este mundo; que también sigo con Last Man, el número 5, de Balak, Salanville y Vivès, ha bajado un poco el ritmo, pero no por ello ha perdido interés; que Los cosacos de Hitler me ha descubierto una de esas intrahistorias de la Segunda Guerra Mundial que tanto me gustan; que con Mi traidor de Pierre Alary me pasa lo mismo que con muchos de los cómics extraídos de novelas, que me da la sensación de que les faltan cosas, aún así, un muy buen cómic; que No debí enrollarme con una moderna de Sebas Martín es una historia de líos y deslíos amorosos homosexuales rayana en lo porno; que París Mon Amour de Brigitte Luciani y Colonel Moutarde es una deliciosa y ligera historia de amor; que Pastitas de hojaldre de Ralf König me demuestra una vez más que el autor alemán se menea mejor en las historias largas que en las cortas; que mira que por la aventura y la localización geográfica (sucede muy cerquita de donde nació un servidor) de Ramiro en su segundo integral me tenía que encantar, pero ese dibujo a veces tan parado de Vance y en ocasiones las simplezas del guion y que me cuente con palabras lo que estoy viendo en los dibujos (que por otro lado algunos son espectaculares) hacen que… buf; que el pódium es muy pequeño, pero ¡Sonríe! de Raina Telgeimer debería estar allí, que Super Narval y Medu de Ben Clanton es ideal para regalar a los de 6 añitos (ojo, que no solo entretiene, sino que enseña un montón de cosas); que Royal city: Sonic youth de Jeff Lemire frena un poco, pero sigue contándonos la historia de esa familia disfuncional y eso es mejor que el 80% de los tebeos que he leído este mes; que Superpatata de Artur Laperla también es ideal para iniciar a los más peques en esto del cómic; que ¡Te llamaremos! de Mathilde Ramadier es uno de esos de anécdotas que parecen increíbles, pero que son reales, esta vez sobre las entrevistas de trabajo; que Tiempo de canicas de Beto Hernández es de los que menos me ha gustado del autor de Palomar, pero es que llegar a Palomar es mucho; que Troya. El pueblo del mar de Jarry y Campanella Ardisha cuenta la historia tantas veces contada (algún día tendré que leer a Homero a ver qué es lo que cuenta él en realidad) y que Yo conmigo de Fabian Zalazar es una serie de anécdotas cortas que algunas tienen gracias y otras…

¡Hala, a leer tebeos!

Crónica de Angulema (y II)

A las 8:00 del sábado suena el despertador y sin desayunar nos vamos, aparcamos a tiro fijo en el río y llegamos a la cola a eso de las 8:32. Esta vez entramos seguro, pero no somos los primeros ni mucho menos, ya habrá como unas 20 personas en la cola (pensad en ello, la cosa abre a las 10). Desayunamos pizza de ayer y leemos en la tablet el libro que estamos corrigiendo para aprovechar el tiempo. Entramos y allí nos encontramos con Eduardo, un ecuatoriano que tiene un proyecto de un museo con una historia asombrosa que quiere convertir en novela gráfica, y con Nacho, que viene a presentar un proyecto muy chulo con guion y dibujos prácticamente acabados.

Nos toca y nos atiende el tipo que de los cuatro que están allí tiene más pinta de chulo, le enseñamos y nos da cita para las 16:15 con Delcourt. Nacho nos espera fuera, vamos a desayunar y nos contamos las penas, ponemos de vuelta y media el mundo del tebeo y, como es la segunda vez que viene, nos enseña un montón de cosas, entre otras, que a los autores que hemos publicado nos dan acreditación con presentar el libro.

Vamos a ver la expo de Trondheim, que ayer no encontramos y menos mal… ¡Qué-pasada! Ya dije el otro día que, ahora que releo La Mazmorra, él y Sfar me parecían los Lope de Vega del cómic contemporáneo. Y lo confirmo. ¡Qué torrente de ideas! Globos terráqueos, cuadernos, bocetos, el original de la primera página de La Mazmorra, los dibujos de las paredes hechos por él, murales bromas…

Alucinamos con la expo y por si estuviésemos poco alucinados, conectamos en el mismo edificio con el museo de la BD y allí, bueno… pues eso, que si os gusta esto del cómic hay que pasar por allí al menos una vez en la vida. Ahí os dejo originales de Maus, Peanuts, El fotógrafo (del Emmanuel Guibert, ganador del Gran Premio del Festival de este año) y un ACOJONANTE original de El Teniente Blueberry de Gir. Pero vamos, que aquello está lleno de obras maestras.

Cogemos lanzadera y nos vamos a por la acreditación. Nacho nos hace de intérprete y la conseguimos. Hemos pagado la novatada (y la entrada), pero como sucedió en el Salón del cómic de Barcelona, la primera vez que vengo a Angulema y vengo como Auteur. ¿O quizá sería más correcto decir que llegué como aficionado y me marcho como autor?

Invitamos a comer a Nacho por todo lo que ha hecho, nos despedimos y, lanzadera mediante, vamos a la entrevista con Delcourt. Un hombre nos da paso y en la sala espera una mujer. Les enseñamos los proyectos y nos dice que no son para su editorial, que ellos llevan un dibujo más clásico (no puedo dejar de pensar en la mala espina que me había dado el chulo de por la mañana, ¿para qué coño nos deriva allí?), pero que ambos le gustan mucho. Me habla de una parte del nuevo y le digo que estoy dispuesto a aceptar consejos y cambiar lo que sea necesario. Me suelta: Ni hablar. No tienes que cambiar este proyecto para gustar a una editorial. Tienes que buscar una editorial a la que le vaya este proyecto. Suelta más parabienes “I love this picture” dice cuando ve alguna viñeta, y me manda a de nuevo a Nuevo mundo. “Sé que lo que quieres oír es vamos a trabajar juntos, pero si yo le enseño esto al big boss me va a decir que no y allí vas a encontrar tu editorial”. Aprovecho el buen rollo y le enseño otro proyecto diferente que llevo en la Tablet. “Te digo lo mismo, allí está tu editorial. Y te digo otra cosa. Me encanta tu forma de narrar la realidad, la sociedad que nos rodea. Si escribes un guion para mí, yo te busco un dibujante de la casa”.

Menos es nada. Vuelta a la guagua y trazamos un plan. Es tarde para ir a Nuevo mundo, así que pensamos que es mejor dejarlo para mañana y pillar a los editores recién llegados mejor que ahora, que estarán cansados de un sábado duro. Entonces nos acercamos a la carpa de los derechos internacionales, a la que ayer no pudimos acceder por no ser autores. A esas horas ya está desangelada, pero nos encontramos con Michele Foschini, editor de Bao Publishing, le enseñamos todo y dice que le gusta mucho. No sé si es porque habla perfectamente castellano o por la coincidencia latinomediterránea, pero hay una conexión tremenda. Investigamos un poco más, pero muchas han levantado el campamento y otras solo vienen a vender derechos, no a comprar.

Vamos de un sitio a otro y seguimos viendo exposiciones, sitios alternativos donde hay música en directo y fanzines, locales donde se celebra un Festival OFF, encontramos un mundo underground paralelo al Festival, igual de interesante, donde hay expos, stands, autores firmando… cada vez alucinamos más.

Nos vamos a cenar. En este no se puede dibujar en el mantel porque ya viene dibujado, pedimos un entrecot a la bretonne y lo regamos con un buen vino francés. Cuando os digo todo es TOOOOOOODOOOOOOOO

Y a dormir.

Y el domingo, sin madrugar tanto, nos fuimos directos a Nuevo mundo y encontramos un mundo nuevo dentro de ella. Resulta que tenía dos pabellones unidos por una puerta a la que no habíamos llegado el viernes. Descubrimos una editorial argentina que publicaba en castellano esto de un tipo castellano y nos lo llevamos (también nos llevamos el de la derecha en el garito alternativo de ayer)

Además, le enseñamos lo nuestro y nos aconsejó. Fuimos hacia las indicadas, en algunas nos dieron el correo con mala cara, en otras con buena cara, en otras aceptaron nuestros dossieres, otras nos dijeron que uno, otras nos dijeron que el otro, los entregamos todos y cuando nos íbamos, me encontré con esto.

Una edición limitada en blanco y negro del nuevo Blueberry de Sfar y Blain, con bocetos, story-board, dibujos exclusivos… una maravilla que cuesta 150 perras y está en el idioma de Flaubert. Si habéis llegado hasta aquí ya sabéis de dónde me viene a mí en buena parte esta adicción. El Teniente Blueberry fue el tebeo que a mí me cambió la vida y la hizo en torno al tebeo. Si lo traducen, los pagaré encantado. Un broche perfecto para un finde inolvidable y con muy buenas sensaciones.

Y de camino al aeropuerto de Burdeos, ya pensábamos en volver el año que viene…

Crónica de Angulema (I)

Ya eran muchos años mirando ir a Angulema y este tocaba.

El jueves por la tarde llegamos a Puymoyen, publecito de la campiña francesa donde nos alojábamos. A duras penas nos entendemos con la señora de la casa, que no habla ni la lengua de Cervantes ni la de Chéspir, y el viernes por la mañana, desayuno continental de la madame mediante, nos fuimos hacia nuestro objetivo. Según te vas acercando, ya te vas dando cuenta de que Angulema tiene algo especial… de momento, tiene murales comiqueros en las casas… y después, los nombres de las calles en bocadillos…

Aparcamos cerca del meollo y fuimos a recoger nuestras pulseras, preguntamos donde se entregaban los portafolios y, con el mapa del folleto y en nuestro pseudofrancés (porque del lenguaje de Lorca o de Byron, nada), nos entendemos con la chica que entrega las pulseras y nos dice que cojamos la lanzadera, pero cogemos el coche muy bien estacionado y nos vamos donde nos indica. Ahí nos damos cuenta de lo de aparcar no era tan fácil como parecía. Al final nos decantamos por un sitio en la ribera del río Charente y nos ponemos en la laaaaarga cola. Allí nos encontramos a Mireia, que viene con un delicioso guion autobiográfico para el que busca editor y dibujante. La cola avanza y cuando quedan para entrar un chico y Mireia, sale el de la organización a decir que se acabó, que no hay sitio para más. La primera en la frente…

Entramos, ya que estamos, y Mireia se cuela para enseñar su dossier y nosotros vemos a multitud de chavales leyendo, haciendo trabajos del cole, preguntando en escuelas de dibujo que tienen sus puestos allí… es como que todo el mundo está empapado de cómic.

Vemos las expos, con alguna cosilla fabulosa de algún joven talento que, si se lo curra, llegará lejos.

Cruzamos el río, nos encontramos con Corto mirando al horizonte y vemos la expo escolar, que va sobre el mundo egipcio y que suponemos muy didáctica, porque seguimos sin entender casi nada del único idioma en que se exponen los rótulos.

Vamos al Museo del Papel y vemos la expo de Catherine Meurisse, con algunos originales fenomenales y por fin cogemos la lanzadera que nos lleva de nuevo al meollo (hablo como si donde estamos no hubiese gente, hay cola en TODAS partes).

Mireia nos escribe y nos cuenta el proceso de selección: te inspecciona el proyecto un tipo y te deriva a una cita por la tarde. Lo intentaremos al día siguiente, sin duda.

Se hace la hora de comer y nos metemos en Le Lieu-Dit, donde pedimos morcilla alsaciana y mientras esperamos, dibujamos en el mantel, puesto que es de un gramaje considerable y en todas las mesas hay útiles de dibujo para que los comensales lo rellenen y después colgarlo los manteles en unos tendederos. Es como un todo dedicado al tebeo, es algo alucinante. Este es el que dejamos nosotros.

Nos vamos a la carpa del Nuevo mundo y vemos que allí hay muchas editoriales que publican cosas donde podría encajar muy bien No con tu hija y lo nuevo que llevamos en las manos. En algunas dejamos unos dossieres y nos dicen que nos pasemos luego y en otras nos dan el correo para enviar un pdf porque aquello es la locura y probablemente nuestros portafolios se pierdan. También nos maravilla la variedad que hay, es alucinante. Repasamos cosillas y miramos algo que podamos comprender, aunque lo dejamos para luego, que bastante cargados vamos ya.

Vamos al centro comercial que está al lado, los nombres de las tiendas también están metidos en bocadillos, los pasillos tienen autores firmando y la librería del centro tiene una zona de firmas donde lo menos hay veinte autores dale que te pego. Seguimos flipando con la “imbuición” (si se me permite el palabro) de todo. Salimos de allí y nos dirigimos a la carpa donde están las gordas, allí todo es a lo grande, las cosas se reparten por doquier, revistas, posters, gorros de Spirou… allí se ve dónde hay pasta.

Cogemos todo lo que nos dan y nos encaminamos a Nuevo mundo a ver si algún editor donde hemos dejado los portafolios nos dice algo. Antes de llegar, entramos en la iglesia de San Marcial, que ha sido transformada en un lugar de culto… al cómic. Expos, stands, autores firmando, confesionarios confesando… el altar mayor… lo dicho, es todo. A-B-S-O-L-U-T-A-M-E-N-T-E-T-O-D-O.

Llegamos al Nuevo mundo, hablamos con algún editor cansado al que parece que le interesan nuestros proyectos y nos dice que le enviemos No con tu hija entero (yo había llevado algunas páginas traducidas al francés), compramos algo que no tenga letras y antes de salir, nos encontramos con una máquina expendedora de libros. Evidentemente, esto es el paraíso.

Sacamos uno (no sea que nos digan que había una máquina de comprar libros y no la usamos) y nos vamos a coger algo de cena antes de llegar a casa. La jornada ha sido dura, pero hemos aprendido muchas cosas.

La primera, que mañana toca madrugar para estar de los primeros en la cola.