Mañana, mami, mañana…

Que lo dejas todo para última hora, vete a comprar un regalo a tu madre…

En NO CON TU HIJA encontraréis la verdad, sea cual sea

#DíadelaMadre

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Quedan dos días

Dos días para el #DíadelaMadre.

Con NO CON TU HIJA tu madre va a aprender mucho (y eso que tu madre ya sabe mucho. Mucho más de lo que tú te crees).

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Cuenta atrás para el Día de la Madre

¿Ya tienes claro lo que le vas a regalar a tu esclava? Digo… ¿a tu Madre?

Una tragicomedia gráfica no estaría mal.

NO CON TU HIJA, para todas las madres

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Feria del Libro de Yaiza

Pues ahí estaré, ya lo veis, firmando No con tu hija, desde las 10:00 hasta las 19:30, y presentando, a las 16:30. En Playa Blanca el sábado 28. Ideal para dar un paseo con los chiquillos porque hay un montón de cosas para ellos

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Crónica del Salón (y III)

Domingo. Quería ir a la masterclass de Dave McKean pero prefiero ganar minutos de sueño. La que no me pienso perder es la de David Rubín. Eso hace que me encuentre con los inicios de la manifestación independentista. Llevo mi camiseta amarilla de las presentaciones y de las firmas, pero me la cambio por una negra para no parecer lo que no soy.

Aún así, llego a bastante de la del inglés, que se pasa de hora y David, que está escuchándole como otros muchos, le cede cortésmente su tiempo para que termine. Otro tanto más en el casillero del buen hacer del gallego. Acaba el uno, empieza el otro y en cuanto comienza, te das cuenta de que su clase es diferente. David vuelve a demostrarme que es un tipo fuera de lo común. Me fastidia tener que irme a firmar (no pensé yo que diría esto tan pronto) pero el trabajo es lo que tiene. Espero volver a estar en alguna otro día. Chapó por David.

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Vuelvo a coincidir con Ruth en las firmas y algunos más se llevan una dedicatoria. Cuando yo me voy, llega Loulogio y empieza a trabajar como una fábrica de producción. Atentos, que son las 13:00. Sigue firmando con el rotulador que le presté y se lo recuerdo, me lo agradece de nuevo, pero no quiero agradecimientos.

-Me debes un dibujo

-Por supuesto, y dos

Me marcho corriendo al encuentro con Stan Sakai y disfruto de lo lindo de la sabiduría de uno de los autores de cómic vivos más grandes de la historia. Cuando acaba, voy otro rato de exposiciones, veo la de Jan, espectacular, y la de Jaime Martín y su Jamás tendré 20 años, más espectacular si cabe, puesto que tiene fragmentos de guion, bocetos, fotos, objetos de referencia… todo un gustazo.

Vuelvo al stand de Dolmen donde Loulogio sigue firma que te firma. Se le agota mi rotulador. Sin que me lo pida, le dejo uno encima de la mesa

-Eres mi ángel de la guarda de los rotuladores.

Si no os lo creéis, mirad esto

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Sigue firmando un rato y a eso de las 14:30 le dice a la del stand que corte la cola, que sigue teniendo unos 20 integrantes. Le da caña hasta que se acaban (y alguno más que se suma al final, no nos engañemos) y rondando las 15:05 (o sea, una hora de inicio se han convertido en más de dos y, si le dejan, sigue allí dale que te pego) me hace el dibujo de arriba y charlamos un poco de nuestro trabajo. Él también se lleva algo único para casa, no os vayáis a pensar…

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Voy a hacer la visita diaria a Mercrominah y me avituallo con las sobras de tortilla de su madre (que está igual de suculenta que el día anterior) antes de ir a la master class del maestro Sakai. Otro que también cuenta que hace todo manual. Me encanta la gente que hace todo manual. Adoro a la gente que hace todo manual. No con tu hija está hecho completamente manual, ¿sabéis?

Cuando acaba, cuando acabo, porque creo que ya no me queda nada, doy un paseo muy, pero que muy tranquilo. Se nota como la gente va desapareciendo de allí poco a poco. Parece la hora adecuada para acabar de ver los stands y adquirir algo. Me he ido despidiendo de la familia de Dolmen a lo largo del día porque se han marchado en modo goteo.

Intento visitar los stands de descatalogados y estas cosas, pero no hay mucho antiguo que no tenga ya y lo nuevo me lo trae la Librería El Puente cuando quiero, así que no es cuestión de cargar como un mulo hasta mi isla. Pero acabo con esto

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por no decir que la primera vez que estuve en el Salón del Cómic de Barcelona no compré ni un tebeo. A ver si algún día soy tan grande como el maestro Breccia.

Me despido de Mercrominah y sus compinches y camino hacia el metro mientras pienso en la vorágine a la que acabo de sobrevivir. Sensaciones: muchas, algunas encontradas. Balance: más positivo, sin duda. Toda una experiencia (que te da mucha experiencia)

Salón de Barcelona, I’ll be back

 

Crónica del Salón (II)

Sábado, después de dormir poco. Voy a la master class de Tillie Walden, donde, mientras hace un dibujo precioso, dice que no hace bocetos ni nada, que ella ‘to palante’, que sabe cuándo viene un momento álgido y sabe cuándo tiene que dibujar cada cosa. Flipante. Y si piensas en Piruetas, es aún más flipante. Me marcho sin que termine porque tengo que ir a firmar.

Comparto stand con Ruth Bernárdez, que ha escrito Las chicas son guerreras y que me abre la mente a esto de las sesiones de firmas: “a mí una vez, viene una niña y me dice:

-hazme un dibujito.

-yo escribo, si quieres, te echo una firma.

-¡Ah, no! ¡Si no me haces dibujito no quiero!”

Me voy a echar una siesta del perro y regreso a firmar de nuevo, primero a Dolmen y luego al stand de la Fnac. Allí conozco al mismísimo David Lloyd y a Juan Díaz Canales, lo cual es un honor. Pero claro, todo tiene ventajas e inconvenientes, los Blacksad y los Corto llegan hasta donde alcanza la vista, los V de vendetta más allá del horizonte, pero los otros tres que estamos firmando no nos comemos un colín…

Cuando se acaba, hablo con Juan y charlamos de sus proyectos, Corto, Blacksad (es que tela, ¿eh? Vaya dos personajes que maneja el tío). Me voy al encuentro con Ralf König, que suelta perla tras perla. Por ejemplo, que hace todo manual, incluso la rotulación. Eso que veis en la foto son los bocadillos desechados de una de sus obras. Tre-men-do

Otra frase memorable: “las depilaciones masculinas deberían prohibirse desde ya”. ¿Se puede tener más razón?

Cuando salgo, una mujer me pregunta si sé dónde está Ibáñez y, antes de que pueda decirle nada, sale (o debería decir sacan) el (al) maestro del salón de actos rodeado de guardespaldas como si fuese el presidente de los yankees y lo meten en el ascensor. En ese suspiro, me encuentro a Paco Roca, siempre sosegado, y le felicito por su Encrucijada. Otra de esas historias tan bien contadas que casi ni importa lo que te cuenta. Me dice que va a dar una charla en el salón y me meto. Somos muy poquitos y pienso en que eso debería estar abarrotado y en que deberíamos besar por donde pisa ese tío por lo que ha hecho por el cómic en este país, pero así son las cosas…

Paso por el stand de Mercrominah a comer un poco de tortilla de patata de su madre. Delicatessen. Me marcho otro rato de exposiciones, veo la de las Revistas de los 80. Originales de Azpiri, Muñoz, Martín y no sé cuántos más. A cada cual más extraordinario. Pero sobre todo esto:

La portada de Paracuellos. Una de las obras más grandes de todos los tiempos. Estremecedor.

Paso por el stand de la casa del libro y está Zidrou. No tiene a nadie así que charlo un rato con él. Le digo que creo que es el mejor guionista europeo del momento. Casi cualquier cosa que escribe está entre muy bien y requetebién (y no es que tenga dos tebeos). Me pide un No con tu hija y me dice que le encanta, que es un tema que no está tratado. Hablamos de sus hijos, de la educación, de las dificultades que te impone la vida. Me dice que le gusta mi estilo y que siga por ese camino. Yo me voy de allí y la organización tiene que enviar a alguien para que limpie la baba que se me va cayendo (también me dijo que no le gustaba la portada. Nadie es perfecto).

Se acaba la cosa y la familia Dolmen me invita a cenar. Otro rato estupendo y divertido que queda almacenado en mi disco duro.

Mañana más