Homenaje a Tino Barriuso

Acababa yo de alcanzar la mayoría de edad administrativa, que no de la sesera, y seguía paseando los libros de casa al instituto y del instituto a casa. El paso de la EGB al Cardenal López de Mendoza había sido todo un salto.

De los 200 chicos del Hispano Argentino pasé a los más de 1000 alumnos del Mendoza. De la media de notable en la básica a suspender cinco en la primera evaluación. Del fútbol con los amigos en el recreo a ser campeón de futbolín en el Moro, la sala de juegos de la calle la Concepción. De tener que cuidar de mi hermano al cruzar la calle a las peligrosas curvas femeninas. De las tardes en casa jugando al Spectrum 48k al perfeccionamiento del mus en el Arcoiris, el bar de la calle del Carmen. De los tragos en la fuente de San Gil cuando salía del cole a los tequilas el jueves por la noche…

Un salto a lo Bob Beamon.

Y claro, al caer me torcí. No el tobillo ni la rodilla. Yo. Me torcí. Caminaba torcido por un camino torcido. Y caminé y caminé. Y repetí y repetí. Y allí estaba él en el segundo tercero para recogerme y enderezarme. No con una perorata ni con un castigo ni con un palo. Lo hizo con poesía, con color, con fútbol, con mus, con vino y con física.

Tino5

En sus clases se hablaba de Garcilaso, del círculo cromático, de la Quinta del Buitre y del Barça de Cruyff, de querer a pequeña llevando reyes cincos, de lo bueno que estaba el Pesquera y mientras tanto se aprendía uno la fórmula de la energía cinética, la ley de Newton y que el frío de Burgos no lo medía ni Kelvin.

Se aprendía que la sabiduría se crea, no se destruye y transforma a la gente. Incluso a otros, pues pocas personas más sabias que él he conocido y de pocos profesores he aprendido tanto. Su sabiduría nos transformaba a los demás.

Contaré dos anécdotas.

De todos es sabido que fue al programa Saber y Ganar y conoció al inmortal. O el inmortal a él. Conocer al Tino era como supongo que debe ser conocer a Jordi Hurtado. Algo legendario. Estuvo muchos programas puesto que sabía mucho. No sé cuánto hay de leyenda urbana en esto, pero por el instituto se rumoreaba que lo dejó porque le chivaba las preguntas a la contrincante y el tercer concursante en discordia se enfadó con él. Su generosidad también era legendaria.

De esta otra, todo es verídico.

En esa segunda repetición de tercero me mandaron a nocturno y fue cuando lo conocí. Yo tenía algunas asignaturas convalidadas. Y allí que me marchaba al mencionado Arcoiris a echar unos envites o a ver el fútbol, según procediese. Compartí partidas y partidos con él, de las primeras no tantas como me hubiese gustado, de los segundos, muchos. Culé confeso (nadie es perfecto) -desde que Chus Pereda fichó por el equipo blaugrana [sic]-, cada lunes comentábamos la jornada y cada miércoles solíamos invitar al otro a un vino mientras veíamos las noches europeas.

Ya en COU, quiso el destino que su Barça jugase la final de la Copa de Europa con el Milán en Atenas a la hora que teníamos clase de física. Todos los chicos de clase estábamos esperando en la puerta, convencidos de que nos íbamos a ir con él a verlo. Llegó y se lo anunciamos. Él metió la cabeza en clase, echó una mirada, vio a dos chicas sentadas y nos dijo:

-Yo no puedo irme porque no todos quieren ir a verlo –alguno arqueó la ceja y otro torció la comisura del labio, pero sin darnos tiempo a responder, añadió: pero el que quiera verlo que vaya, que yo no le voy a decir nada.

Creo que la mayoría sabíamos que hablaba en serio, que no habría ninguna represalia si nos íbamos, pero dejar su clase por ir a ver un vulgar partido de fútbol no entraba en nuestros planes. Así que cabizbajos, fuimos entrando uno a uno en el aúla.

Cuando me disponía a atravesar el umbral, él, apoyado aún en la puerta, me puso la mano en el hombro y dijo: Pero a Íñigo, como sabemos que le gusta mucho el fútbol, le vamos a obligar a que vaya a verlo.

Yo no sé qué hice, si asentí o negué o qué, pero él me puso la otra mano en el otro hombro, me miró a los ojos y concluyó: Luego me lo cuentas. Y me empujó hacia afuera y cerró la puerta.

Al acabar el partido, me marché sin contárselo. Al día siguiente, al entrar en clase, hizo un rectángulo en la parte superior izquierda del encerado y escribió: VISCA EL BARÇA, AHORA MÁS QUE NUNCA. Y comenzó la clase: Decíamos ayer…

Y lo que son las cosas, aunque podía hacer 20 años que no lo veía, ayer precisamente le hablaba yo a una alumna mía del Tino, de que me había enderezado y de que me había salvado la vida. Espero haber sido un buen alumno y poder hacer lo mismo con uno de los míos

Donde estés, un abrazo, Tino

 

 

 

Librerías…

Como Nico Melián abrió el otro día la veda en feisbuk y yo he recibido por mi cumpleaños algo que voy a tener que agradecer a mucha gente haciendo dibujitos, voy a colgar todo esto para empezar con unas cosas y seguir con otras.

El 8 de diciembre de 2013, allá cuando yo compraba El País, El Semanal salió con esta portada. A pesar ser un lector acérrimo y de que cuando voy a un sitio suelo entrar en sus librerías, yo no había estado en ninguna de las que allí se mencionaban (será que me paso el tiempo leyendo en vez de viajando), así que, supongo que cabalgando entre hacer un homenaje a la librería que tantos ratos me ha hecho disfrutar y entre no sentirme como un necio por no haber estado en ninguna de las que se suponen mejores librerías del mundo, ese mismo domingo escribí esto.

Aunque ahora que lo pienso, fue por colocar a El Puente en el lugar que se merece, cosa que, bien por desconocimiento, bien por ignorancia, no hicieron los mentecatos de El País.

08/12/13

Al llegar a Lanzarote, lo primero que hice fue pasear sin rumbo por todas las calles de la capital y entrar en los locales en los que figuraba “librería” en su letrero. En los tres primeros, no tenían más que el “Cincuenta sombras de Grey del año 2005”, que no recuerdo cuál era. A pesar de ser un comprador compulsivo de libros, salí de las tres con las manos vacías. Y en eso, en el punto equidistante entre el Puente de las Bolas, la Iglesia de San Ginés y la calle Real, en pleno corazón de Arrecife, llegué al El Puente. Sólo en el escaparate tenía más libros que las otras tres juntas. Al entrar, ese aroma a papel prensado inundó mis papilas olfativas o lo que sea con lo que uno husmea. No sólo eso, sino que además se mezclaba con la cuatricomía del cómic. Había llegado a un lugar donde no sólo tenían libros, sino que, donde quiera que estuviesen, también tenían ilustraciones. Aquel mismo día, mientras seguía olisqueando y pasaba las yemas de mis dedos por los lomos de los libros leyendo el título y el autor de cada uno (el Puente es una de esas librerías que tienen tantos libros que los tienen de canto. Supongo que saben que no hay que juzgar un libro por su portada), noté como alguien pasaba por mi lado, sacaba un libro de la estantería y con una voz grave recomendaba algo que no era el “Cincuenta sombras de Grey del año 2005”. O sea, que era una librería donde había un amplio catálogo de títulos y además, los controlaban con la sabiduría de amanuenses monacales.

Escogí el último de Tom Sharpe de aquel momento, “Wilt no se aclara” y la obra maestra de Frederick Peeters, “Píldoras azules”. Era la cuarta vez que lo compraba, puesto que si soy comprador compulsivo de libros, podemos aseverar con rotundidad que soy un drogadicto de las viñetas. Cuando fui a pagar, pregunté si tenían más cómics o sólo los expuestos. El señor que momentos antes hablaba de lo que no eran “Cincuenta sombras de Grey del año 2005” me dijo que no, pero que el experto era el otro, un joven de movimientos certeros y mirada astuta que me dijo que Píldoras azules estaba muy bien. O sea, que además entendían de tebeos.

Una vez que uno adquiere allí lo que sea, puede leer a Cortázar mirando al mar mientras pasea por la Avenida Marítima y ve ponerse el sol, desglosar a Unamuno en el mercadillo de los sábados, investigar con Vázquez Montalbán comiendo en cualquiera de los múltiples bares que rodean la librería, escuchar las campanas de Hemingway sentado en la plaza de la iglesia, escrutar a la gente de la calle Real mientras se pierde con Joyce, navegar con Melville en el Charco de San Ginés o incluso caminar hacia una cita hasta el renovado Gran Hotel leyendo “Cincuenta sombras de Grey del año 2005”. O sea, que estaba estratégicamente colocada.

No tardé en volver. Era difícil encontrar la librería vacía. Lo mismo había un chiquillo al que le habían encargado Platero y yo en el instituto, un lector entusiasta que se llevaba diez volúmenes de escritores rusos, checos, polacos y de alguna nacionalidad más excepto estadounidenses y sucedáneos, un futuro policía nacional al que le vendían los libros para ser policía, el típico que preguntaba por 20 libros y no se llevaba ninguno (¡cabrón!) o el otro típico que venía a por las “Cincuenta sombras de Grey del año 2005”. O sea, que parecía el lugar donde uno encontraba todo lo que quería.

En aquella época, yo trabajaba días enteros y libraba días enteros, lo que hacía que a veces entrase en la librería y pasase allí las horas. Veía como aquellos libreros atendían a un rosario de variopintos personajes (y créanme que atendían, créanme que era un rosario y créanme que eran variopintos) y entre unos y otros, yo les aburría con mis disgregaciones. Yo lo hacía inconscientemente, supongo que suponiendo que si podían con todos aquellos elementos que iban a preguntar por el “Cincuenta sombras de Grey del año 2005”, bien podrían con mi pesadez. A veces, hartados de mí y de mis peroratas, me encargaban leerme algo. Gracias a Norberto leí “Los girasoles ciegos” cuando no había salido la segunda edición y Jordi me obligó a leer “La maravillosa vida breve de Oscar Wao” antes de que la madre de Junot Díaz supiese que le habían dado el Pulitzer. O sea, que además de escuchar con paciencia de psicólogos, recomendaban con criterio y precisión.

O sea, que además del olor, control, de la sabiduría, de la situación, de la paciencia, de que uno encuentra de todo (incluso “Cincuenta sombras de Grey de 2005”) y de saber de tebeos, también entienden de libros.

Hoy, otro homenaje, pero ilustrado.

Donar (arte, dinero, esfuerzo…)

Hace un par de semanas me dijeron que si quería colaborar en un mercadillo para recaudar fondos para ayudar a los refugiados sirios. Había que donar obra artística que luego se vendería en el susodicho mercadillo. No es que tenga yo mucha obra que donar porque casi toda la regalo, pero por alguna esquina de casa cogía polvo alguna ilustración de hace un tiempo así que me decidí a llamar a Mariate y me dijo que llamase a Naomi que me pillaba más cerca. Ambas son las que pusieron en marcha todo esto y allí me presenté con mi granito de arena y con el mapa que podéis ver abajo, que creo que va muy en la línea del proyecto. Y cual fue mi sorpresa cuando ayer recibí una llamada de Naomi contándome que se habían vendido las dos y que la recaudación total había ascendido a casi 6.000 euros. Muchas gracias a todos los que donaron, a los que compraron y sobre todo, a esas dos superheroínas de nuestros tiempos.

(Pincha para ampliar)

Nueva cara

Le he lavado la cara a la web y he puesto un montón de cositas nuevas. Para que echéis un vistazo y disfrutéis más todavía este puente. ifrabeilustracion.com o en el botón de la derecha

Mapa01
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