La Viñeta de la semana

Apuntad. Moreso nos cuenta en EL TÍPICO BAR lo que se lleva. Dedicado a los que estemos de moda

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La Viñeta de la semana

El Torres y Carlos Hernández nos cuentan en LA HUELLA DE LORCA a lo que se reduce todo. Dedicada a los que escriben la obra

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Los 41 de enero

El pódium, como siempre en abecé

 

El Buscón en las Indias de Ayroles y Guarnido

Pascal Brutal de Riad Sattouf

Viaje a Italia de David B

Del resto decir que Amores de Alfonsocasas no sé si es cómic, cuento, libro ilustrado o qué, pero me parece que empieza genial y luego me sobran muchas páginas; que Annemarie de María Castrejón y Susanna Martín a ratos está genial y a ratos me aburre, y a veces corre demasiado y a veces va leeeeeentoooo; que Black Jack Ketchum de Schirmer, Balboni y Saliba se pierde entre la realidad y la ficción; que Cloe y su unicornio 4 de Dana Simpson baja un poco la calidad del resto (no era fácil mantener la velocidad de crucero que llevaba); que Conspiraciones de José Domingo es un hilarante ensayo en el que no sabes si creerte lo que está contando o mejor no; que El viejo y el narco de Ricardo Vílbor y Max Vento me ha gustado mucho, pero me ha dejado la sensación de que la historia daba para mucho más; que Homenaje a Cataluña de Andrea Lucio y Jordi de Miguel es una correcta adaptación del texto de Orwell; que Infinty 8. Guerrilla Simbólica de Trystram, Trondheim y Kris sigue en la línea de sus antecesores, o sea, rayando el sobresaliente (y Martin Trystram parece un alumno aventajado de Mebius en El Incal, flipas); que Kick Ass. La chica nueva de Mark Millar y John Romita Jr. hará las delicias de los seguidores de la serie original; que La gran batalla de los Gusis de Javier Órtiz y Javier Ara es ideal para los de 8 añitos; que La increíble historia del vino de Benoist Simmat y Daniel Casanave ya lo dice su título, es la historia del vino y es increíble; que sigo con mi dosis mensual de La Mazmorra, este mes con los tomos de Festival, El día de los sapos, Flores y chavales y La técnica Grogro, todos dibujados por Larcenet, divertidísimos y siempre pensando en Sfar y en Trondheim como unos Lope de Vega del cómic contemporáneo, flipante la capacidad creativa; que a La pequeña forastera de Nagabe le había valido con las páginas de un tomo (y con otro final); que La primavera de los árabes de Jean-Pierre Filiu y Cyrille Pomès es simplemente un noticiario, pero imprescindible para saber cómo está este mundo; que también sigo con Last Man, el número 5, de Balak, Salanville y Vivès, ha bajado un poco el ritmo, pero no por ello ha perdido interés; que Los cosacos de Hitler me ha descubierto una de esas intrahistorias de la Segunda Guerra Mundial que tanto me gustan; que con Mi traidor de Pierre Alary me pasa lo mismo que con muchos de los cómics extraídos de novelas, que me da la sensación de que les faltan cosas, aún así, un muy buen cómic; que No debí enrollarme con una moderna de Sebas Martín es una historia de líos y deslíos amorosos homosexuales rayana en lo porno; que París Mon Amour de Brigitte Luciani y Colonel Moutarde es una deliciosa y ligera historia de amor; que Pastitas de hojaldre de Ralf König me demuestra una vez más que el autor alemán se menea mejor en las historias largas que en las cortas; que mira que por la aventura y la localización geográfica (sucede muy cerquita de donde nació un servidor) de Ramiro en su segundo integral me tenía que encantar, pero ese dibujo a veces tan parado de Vance y en ocasiones las simplezas del guion y que me cuente con palabras lo que estoy viendo en los dibujos (que por otro lado algunos son espectaculares) hacen que… buf; que el pódium es muy pequeño, pero ¡Sonríe! de Raina Telgeimer debería estar allí, que Super Narval y Medu de Ben Clanton es ideal para regalar a los de 6 añitos (ojo, que no solo entretiene, sino que enseña un montón de cosas); que Royal city: Sonic youth de Jeff Lemire frena un poco, pero sigue contándonos la historia de esa familia disfuncional y eso es mejor que el 80% de los tebeos que he leído este mes; que Superpatata de Artur Laperla también es ideal para iniciar a los más peques en esto del cómic; que ¡Te llamaremos! de Mathilde Ramadier es uno de esos de anécdotas que parecen increíbles, pero que son reales, esta vez sobre las entrevistas de trabajo; que Tiempo de canicas de Beto Hernández es de los que menos me ha gustado del autor de Palomar, pero es que llegar a Palomar es mucho; que Troya. El pueblo del mar de Jarry y Campanella Ardisha cuenta la historia tantas veces contada (algún día tendré que leer a Homero a ver qué es lo que cuenta él en realidad) y que Yo conmigo de Fabian Zalazar es una serie de anécdotas cortas que algunas tienen gracias y otras…

¡Hala, a leer tebeos!

Crónica de Angulema (y II)

A las 8:00 del sábado suena el despertador y sin desayunar nos vamos, aparcamos a tiro fijo en el río y llegamos a la cola a eso de las 8:32. Esta vez entramos seguro, pero no somos los primeros ni mucho menos, ya habrá como unas 20 personas en la cola (pensad en ello, la cosa abre a las 10). Desayunamos pizza de ayer y leemos en la tablet el libro que estamos corrigiendo para aprovechar el tiempo. Entramos y allí nos encontramos con Eduardo, un ecuatoriano que tiene un proyecto de un museo con una historia asombrosa que quiere convertir en novela gráfica, y con Nacho, que viene a presentar un proyecto muy chulo con guion y dibujos prácticamente acabados.

Nos toca y nos atiende el tipo que de los cuatro que están allí tiene más pinta de chulo, le enseñamos y nos da cita para las 16:15 con Delcourt. Nacho nos espera fuera, vamos a desayunar y nos contamos las penas, ponemos de vuelta y media el mundo del tebeo y, como es la segunda vez que viene, nos enseña un montón de cosas, entre otras, que a los autores que hemos publicado nos dan acreditación con presentar el libro.

Vamos a ver la expo de Trondheim, que ayer no encontramos y menos mal… ¡Qué-pasada! Ya dije el otro día que, ahora que releo La Mazmorra, él y Sfar me parecían los Lope de Vega del cómic contemporáneo. Y lo confirmo. ¡Qué torrente de ideas! Globos terráqueos, cuadernos, bocetos, el original de la primera página de La Mazmorra, los dibujos de las paredes hechos por él, murales bromas…

Alucinamos con la expo y por si estuviésemos poco alucinados, conectamos en el mismo edificio con el museo de la BD y allí, bueno… pues eso, que si os gusta esto del cómic hay que pasar por allí al menos una vez en la vida. Ahí os dejo originales de Maus, Peanuts, El fotógrafo (del Emmanuel Guibert, ganador del Gran Premio del Festival de este año) y un ACOJONANTE original de El Teniente Blueberry de Gir. Pero vamos, que aquello está lleno de obras maestras.

Cogemos lanzadera y nos vamos a por la acreditación. Nacho nos hace de intérprete y la conseguimos. Hemos pagado la novatada (y la entrada), pero como sucedió en el Salón del cómic de Barcelona, la primera vez que vengo a Angulema y vengo como Auteur. ¿O quizá sería más correcto decir que llegué como aficionado y me marcho como autor?

Invitamos a comer a Nacho por todo lo que ha hecho, nos despedimos y, lanzadera mediante, vamos a la entrevista con Delcourt. Un hombre nos da paso y en la sala espera una mujer. Les enseñamos los proyectos y nos dice que no son para su editorial, que ellos llevan un dibujo más clásico (no puedo dejar de pensar en la mala espina que me había dado el chulo de por la mañana, ¿para qué coño nos deriva allí?), pero que ambos le gustan mucho. Me habla de una parte del nuevo y le digo que estoy dispuesto a aceptar consejos y cambiar lo que sea necesario. Me suelta: Ni hablar. No tienes que cambiar este proyecto para gustar a una editorial. Tienes que buscar una editorial a la que le vaya este proyecto. Suelta más parabienes “I love this picture” dice cuando ve alguna viñeta, y me manda a de nuevo a Nuevo mundo. “Sé que lo que quieres oír es vamos a trabajar juntos, pero si yo le enseño esto al big boss me va a decir que no y allí vas a encontrar tu editorial”. Aprovecho el buen rollo y le enseño otro proyecto diferente que llevo en la Tablet. “Te digo lo mismo, allí está tu editorial. Y te digo otra cosa. Me encanta tu forma de narrar la realidad, la sociedad que nos rodea. Si escribes un guion para mí, yo te busco un dibujante de la casa”.

Menos es nada. Vuelta a la guagua y trazamos un plan. Es tarde para ir a Nuevo mundo, así que pensamos que es mejor dejarlo para mañana y pillar a los editores recién llegados mejor que ahora, que estarán cansados de un sábado duro. Entonces nos acercamos a la carpa de los derechos internacionales, a la que ayer no pudimos acceder por no ser autores. A esas horas ya está desangelada, pero nos encontramos con Michele Foschini, editor de Bao Publishing, le enseñamos todo y dice que le gusta mucho. No sé si es porque habla perfectamente castellano o por la coincidencia latinomediterránea, pero hay una conexión tremenda. Investigamos un poco más, pero muchas han levantado el campamento y otras solo vienen a vender derechos, no a comprar.

Vamos de un sitio a otro y seguimos viendo exposiciones, sitios alternativos donde hay música en directo y fanzines, locales donde se celebra un Festival OFF, encontramos un mundo underground paralelo al Festival, igual de interesante, donde hay expos, stands, autores firmando… cada vez alucinamos más.

Nos vamos a cenar. En este no se puede dibujar en el mantel porque ya viene dibujado, pedimos un entrecot a la bretonne y lo regamos con un buen vino francés. Cuando os digo todo es TOOOOOOODOOOOOOOO

Y a dormir.

Y el domingo, sin madrugar tanto, nos fuimos directos a Nuevo mundo y encontramos un mundo nuevo dentro de ella. Resulta que tenía dos pabellones unidos por una puerta a la que no habíamos llegado el viernes. Descubrimos una editorial argentina que publicaba en castellano esto de un tipo castellano y nos lo llevamos (también nos llevamos el de la derecha en el garito alternativo de ayer)

Además, le enseñamos lo nuestro y nos aconsejó. Fuimos hacia las indicadas, en algunas nos dieron el correo con mala cara, en otras con buena cara, en otras aceptaron nuestros dossieres, otras nos dijeron que uno, otras nos dijeron que el otro, los entregamos todos y cuando nos íbamos, me encontré con esto.

Una edición limitada en blanco y negro del nuevo Blueberry de Sfar y Blain, con bocetos, story-board, dibujos exclusivos… una maravilla que cuesta 150 perras y está en el idioma de Flaubert. Si habéis llegado hasta aquí ya sabéis de dónde me viene a mí en buena parte esta adicción. El Teniente Blueberry fue el tebeo que a mí me cambió la vida y la hizo en torno al tebeo. Si lo traducen, los pagaré encantado. Un broche perfecto para un finde inolvidable y con muy buenas sensaciones.

Y de camino al aeropuerto de Burdeos, ya pensábamos en volver el año que viene…

Crónica de Angulema (I)

Ya eran muchos años mirando ir a Angulema y este tocaba.

El jueves por la tarde llegamos a Puymoyen, publecito de la campiña francesa donde nos alojábamos. A duras penas nos entendemos con la señora de la casa, que no habla ni la lengua de Cervantes ni la de Chéspir, y el viernes por la mañana, desayuno continental de la madame mediante, nos fuimos hacia nuestro objetivo. Según te vas acercando, ya te vas dando cuenta de que Angulema tiene algo especial… de momento, tiene murales comiqueros en las casas… y después, los nombres de las calles en bocadillos…

Aparcamos cerca del meollo y fuimos a recoger nuestras pulseras, preguntamos donde se entregaban los portafolios y, con el mapa del folleto y en nuestro pseudofrancés (porque del lenguaje de Lorca o de Byron, nada), nos entendemos con la chica que entrega las pulseras y nos dice que cojamos la lanzadera, pero cogemos el coche muy bien estacionado y nos vamos donde nos indica. Ahí nos damos cuenta de lo de aparcar no era tan fácil como parecía. Al final nos decantamos por un sitio en la ribera del río Charente y nos ponemos en la laaaaarga cola. Allí nos encontramos a Mireia, que viene con un delicioso guion autobiográfico para el que busca editor y dibujante. La cola avanza y cuando quedan para entrar un chico y Mireia, sale el de la organización a decir que se acabó, que no hay sitio para más. La primera en la frente…

Entramos, ya que estamos, y Mireia se cuela para enseñar su dossier y nosotros vemos a multitud de chavales leyendo, haciendo trabajos del cole, preguntando en escuelas de dibujo que tienen sus puestos allí… es como que todo el mundo está empapado de cómic.

Vemos las expos, con alguna cosilla fabulosa de algún joven talento que, si se lo curra, llegará lejos.

Cruzamos el río, nos encontramos con Corto mirando al horizonte y vemos la expo escolar, que va sobre el mundo egipcio y que suponemos muy didáctica, porque seguimos sin entender casi nada del único idioma en que se exponen los rótulos.

Vamos al Museo del Papel y vemos la expo de Catherine Meurisse, con algunos originales fenomenales y por fin cogemos la lanzadera que nos lleva de nuevo al meollo (hablo como si donde estamos no hubiese gente, hay cola en TODAS partes).

Mireia nos escribe y nos cuenta el proceso de selección: te inspecciona el proyecto un tipo y te deriva a una cita por la tarde. Lo intentaremos al día siguiente, sin duda.

Se hace la hora de comer y nos metemos en Le Lieu-Dit, donde pedimos morcilla alsaciana y mientras esperamos, dibujamos en el mantel, puesto que es de un gramaje considerable y en todas las mesas hay útiles de dibujo para que los comensales lo rellenen y después colgarlo los manteles en unos tendederos. Es como un todo dedicado al tebeo, es algo alucinante. Este es el que dejamos nosotros.

Nos vamos a la carpa del Nuevo mundo y vemos que allí hay muchas editoriales que publican cosas donde podría encajar muy bien No con tu hija y lo nuevo que llevamos en las manos. En algunas dejamos unos dossieres y nos dicen que nos pasemos luego y en otras nos dan el correo para enviar un pdf porque aquello es la locura y probablemente nuestros portafolios se pierdan. También nos maravilla la variedad que hay, es alucinante. Repasamos cosillas y miramos algo que podamos comprender, aunque lo dejamos para luego, que bastante cargados vamos ya.

Vamos al centro comercial que está al lado, los nombres de las tiendas también están metidos en bocadillos, los pasillos tienen autores firmando y la librería del centro tiene una zona de firmas donde lo menos hay veinte autores dale que te pego. Seguimos flipando con la “imbuición” (si se me permite el palabro) de todo. Salimos de allí y nos dirigimos a la carpa donde están las gordas, allí todo es a lo grande, las cosas se reparten por doquier, revistas, posters, gorros de Spirou… allí se ve dónde hay pasta.

Cogemos todo lo que nos dan y nos encaminamos a Nuevo mundo a ver si algún editor donde hemos dejado los portafolios nos dice algo. Antes de llegar, entramos en la iglesia de San Marcial, que ha sido transformada en un lugar de culto… al cómic. Expos, stands, autores firmando, confesionarios confesando… el altar mayor… lo dicho, es todo. A-B-S-O-L-U-T-A-M-E-N-T-E-T-O-D-O.

Llegamos al Nuevo mundo, hablamos con algún editor cansado al que parece que le interesan nuestros proyectos y nos dice que le enviemos No con tu hija entero (yo había llevado algunas páginas traducidas al francés), compramos algo que no tenga letras y antes de salir, nos encontramos con una máquina expendedora de libros. Evidentemente, esto es el paraíso.

Sacamos uno (no sea que nos digan que había una máquina de comprar libros y no la usamos) y nos vamos a coger algo de cena antes de llegar a casa. La jornada ha sido dura, pero hemos aprendido muchas cosas.

La primera, que mañana toca madrugar para estar de los primeros en la cola.